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hombre que emigra


hombre

hay una luz pequeña, doblada, bajo tu mano

cuando escribís la carta al padre

tras los dorados años de la insolencia

entre el humo del alcohol y los níqueles dormidos

ya no inventás travesías del amor

sueños ecuestres

hablás apenas del mal para que el padre sepa

los colores que el viento lleva

las raíces ya sin gusto de anís

que te has comido

los raros tiovivos

hay una luz inmensa extendida bajo tu mano

cuando escribís al padre

cuando alumbrás con letra huérfana

nombres que el tiempo apaga

y la carta se incendia antes del fin

cada mañana blanca y para siempre

como muerte prematura del sol
LA PARISIENNE



es la violencia de las horas

junto al lumiere de la seine

donde el cuello de los cisnes

duerme a la intemperie

tu pie corriendo tras la luz

tropieza con tu bolso de colegio

no mirás las vitrinas no se vende

tu corazón salvaje

la rumania de tus sueños

nace como una luz callada

de tu pezón izquierdo

la dormís como a un niño

la tapás con tu pañuelo amarillo

como si decidieras sus últimas estrellas

nunca le dijiste sí

pero soltaste todos tus pájaros

era parís mil novecientos veinte

frente a un único testigo

en un palco vacío

donde llorabas en silencio

los actos del amor
Mujeres que trabajan




las tías se levantan

aran al sol

sus vestidos sangrientos

su pelo proletario

bajo el pañuelo azul

sus medias de percal

los domingos sucios

de muerte

la iglesia somnolienta

la primavera natal

un campo de cenizas

donde todo termina

sin sueño

o sin atardecer


Genealogías - Un poema épico



Mujer que mira



llueve esta tarde de lentísimas horas

bajo la luz mediana del tiempo no nacido

miro tu belleza otoñal en la pantalla del micro

la foto en blanco y negro

tu dedo que interroga tu estirpe amarillenta

cien años después de la caída de tu manto

con que envolvías la carne blanca del vivir

como serías verónica de los ojos hundidos como noches

cuando te besaban mujer en las firmes estepas bucovinas

andrásfalva 1840 porto alegre 1996

nos parecimos bajo la negra cabellera de pájaros celestes

las dos corrimos de alma callada hacia el primitivo amor

la belleza de la carne encendiéndonos a deshora la bíblica inocencia

por eso hacíamos huir nuestras mañanas del hambre de los lobos

andrásfalva skorenovac montevideo porto alegre

cualquier lugar tendrá tu luz ahora

pues ya enterré mi coloso en el barro para caminar sin muertos

para que la sangre antigua no nos arrastre abajo como a un único junco
rio que lleva lejos los hijos no nacidos

mientras mueren las dulces madres hiladoras

y los hombres que sueñan en los campos de guerra

nunca sabré por que cortaste el cordón uterino de tus niñas

para que desovasen alondras en mi ciudad natal

tanta composición alada me dejaste

en un pañuelo azul que nunca desinvento

llevo tu resplandor en la memoria de mi nombre

me gorjeás al oído para que vuele al mundo

y como una atila inmensa

transmute mi sangre székely desterrando el dolor