AÚN




los amores eran

entornados brillantes

como un polaroid

blanco o negro

las horas no eran de ceniza

la esperanza debía ser por entonces

más fuerte que la rabia

tus manos sostenían

como el bajo tan anchas melodías

el amor era tu buzo de lana

implacable rebelde

que incandescia sin importarse

en una primavera que se apoyaba

en las dos puntas heladas de mi alma

Porto Alegre, abril 2010

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