Interludios


las palabras vienen solas se prenden de mi sombra hay que darles de masticar sangre presencia así arrancan sus pedacitos de luz y se escabullen como fieras incandescentes vagan por la noche y se pasean con mi carne en sus bocas como gatos hambrientos indecentes de mí




si ésta fuera la última noche si quemáramos los azules navíos y nos tocáramos el sexo con la prímula flor y si muriéramos después como
soldados sin lengua con la mano extranjera pidiendo alguna luz




tu piel morena el agua clara los altos de la noche todo en círculos
pequeñísimo centavo de carne a cambio de un amor



es tanto el miedo la ventana del fondo no contiene el paso del otoño por mi vestido de encajes envejecen mis amantes cada noche luciérnagas se mueren como sueños en mi zaguán desierto se queda el alma blanca de cenizas que no cubren la pasión



nuestro cuarto era una caja de zapatos donde guardábamos con amorosa mano los artefactos del dios la máquina del tiempo los pequeños velocípedos del mundo había también una cama sin infancia silenciosa y despierta como un segundo amor



hay lugares que no cambian sin embargo debajo del alero se entibian los mismos pájaros sonorosos la hamaca de la abuela y la cajita de arpas sin el diapasón

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