El pájaro de adentro del amor

El pájaro de adentro del amor

Verónica Pérez (1992)


Todo empezó cuando un pájaro medio muerto se metió por mi cocina. Después de romperme dos macetas, cayó sin ruido sobre la alfombra. Lo llevé con una pala para que terminara de morirse en el jardín.
El hombre que pasaba sus noches en mi casa dejó de venir. Yo no hacía más el amor porque el olor a pájaro que había en el cuarto me descomponía. Poco a poco, él lo entendió, y ya no lo volví a ver.
Los misterios de la vida y la muerte comenzaron a abrumarme. Pagué varias sesiones con un pai-de-santo a la uruguaya, que medía un metro cincuenta de altura y tenía una cabellera color vino que le llegaba hasta los pies. Cuando salía de su casa me quedaba horas parada frente a los kioscos, leyendo revistas sobre los ovnis y la reencarnación. Llené mi casa de espejos, y en mi fascinación, pasaba horas intentando, sin suerte, malgastar mi poca aura azul en el tarot. Mis noches se iban llenando de pesadillas, mientras yo me volvía una mujer cada vez más oscura. Yo no sabía bien lo que buscaba, hasta que una tarde, en una revista comprada al azar por Dieciocho de julio, fue que encontré la nota sobre el maestro.

Esta noche el ciclo de conferencias místicas del teatro El Galpón abre espacio para la disertación de M. Lowenfeld, astrólogo y vidente anglo-asiático, sobre la próxima publicación de su libro: Sinví. El pájaro de adentro del amor.

Esa noche había bastante gente en El Galpón. Yo me senté más bien al fondo, tratando de refrescarme con un fólder amarillento, porque hacía demasiado calor.
Entró Lowenfeld. Acomodó los micrófonos que le habían puesto sobre el escenario.
Lowenfeld tenía trazos hindúes en el rostro, con los ojos tan negros. Rengueaba un poco de una pierna, pero era un hombre hermoso.
Comenzó a hablar. Afuera comenzó a llover. Una intimidad que venía de sus ojos me achicaba el corazón.

No sé donde estuve en las casi dos horas que duró su ponencia. Habré escuchado alguna cosa, o sólo acompañado el golpeteo de la lluvia. Recuerdo apenas la intermitencia del brillo en los ojos del buen hombre cada vez que tomaba aire para recomenzar a hablar. Cuando la lluvia paró, ya quedaba muy poca gente en el salón. Los pocos que quedaban en sus sillas se movían incómodos. Un hombre de los que todavía aparentemente lo escuchaban, se levantó y le gritó al maestro que quería que le devolvieran el dinero de la entrada. Había esperado hasta el final solamente para encararlo de frente. Varios otros se subieron al escenario, algunos ayudantes del maestro para protegerlo, otros, de la platea, para denigrarlo. Vi estallar un puño en medio de la gente. El maestro se cayó y su cabeza pegó contra una silla. Tenía la mirada aterrorizada. “Sinvi, Sinvi” dijo suavemente, casi llorando.
Todos gritaban. Alguien lo agarró por la solapa ya escupida y comenzó a sacudirlo violentamente. Entonces Lowenfeld mostró de que estaba hecho. De adentro de él salió un pájaro, que se fue casi a ras del suelo, con todos nuestros ojos volándole detrás.
Yo me acerqué a Lowenfeld, abriéndome paso entre la confusión de hombres que salían, y de guardias que entraban. Parecía desmayado. Le sequé el sudor, o quien sabe una lágrima suspendida en su mejilla, con el borde de mi blusa. Lowenfeld suspiró, con los ojos aún cerrados, doblemente hermoso bajo la luz del escenario que los utileros comenzaban a desmantelar. Me dijo algo con entre sueños que no comprendí. Dos hombres fornidos tomaron entonces a Lowenfeld, por los brazos y por los pies, y se lo llevaban.
Por favor…les dije, en un hilo de voz.
Uno de los hombres me hizo un gesto para que esperara, y entraron por una puerta atrás del escenario. Pasó mucho rato. Las luces ya comenzaban a apagarse. Decidida, entré por la puerta por donde lo había visto entrando a Lowenfeld por última vez.
Encontré una habitación sin ventanas. La única puerta era aquel abismo enorme en que yo me apoyaba tratando de entender. Lowenfeld no estaba.



El pájaro de adentro del amor compone la serie de siete cuentos publicados por Verónica Pérez en el volumen colectivo Hijos de Nadie [Proyección/Fundación: Montevideo, 1993]

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